Puro romanticismo y calma. Nos encontramos allí después de un inusitado viaje en tren, de la mano y por pura casualidad, encontramos un hotel de cuento con un mirador digno de Casanova y allí, mirando la gente pasar en barco a todas partes como si estuviésemos en una calle atestada de vehículos, nos tomamos un té con pastas.

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Después, nos salimos de la ruta típica y encontramos esquinas maravillosas, callejuelas que acaban en agua, casas de puertas estrechas y tiendas extraordinarias de máscaras y disfraces de otra época.

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Proseguimos el paseo hasta que nos detuvimos a comer  en un restaurante coqueto y chic en el que bebí un delicioso blanco friuliano.

Después, seguimos caminando y disfrutando del ambiente y el carisma que derrocha la ciudad y los venecianos que se dejan ver en algunas placitas y calles de la inmensidad turística.

Al cabo de un buen rato! decidimos tomar un barco taxi que nos llevó por toda la zona, Murano, Burano, Lido.

¡Cómo disfruté!

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